Metáfora. Desde que la descubrí, me enamoré de ella – como podrán apreciar soy una eterna enamorada, siempre me estoy enamorando de alguien o algo -.
Recuerdo que, quien me acercó por primera vez al concepto de metáfora, fue mi maestra de sexto grado; la señora de Sesto. Si. Ese era su apellido, no es broma.
Aún hoy, puedo escuchar sus palabras, ensayando algún ejemplo, para que comprendiéramos mejor, sobre que estaba hablando.
- Uno puede decir, simplemente, está nevando, o cae nieve. Pero también puede decir, la nieve cae, como suaves copos de algodón, sobre el frío asfalto de la avenida; mientras el viento, que sopla incesante, barre el blanco tejido.
A mi me pareció fantástico. Era como un juego de embellecer lo cotidiano. De ponerle un toque poético a la mísera realidad. A partir de ese descubrimiento, me zambullí en el frenesí de jugar con las palabras.
Probablemente por eso, hoy, jugueteando con ellas, se me ocurrió ensayar puteadas metafóricas.
- ¿Por qué no te diriges nuevamente, a ese lugar recóndito, húmedo y caliente, de donde una vez surgiste inocente? – reemplazando, por ejemplo, la puteada: ¿Por qué no te vas a la concha de tu madre?
Díganme, sinceramente, si no resulta mucho más poético.
O por ejemplo, una puteada muy de onda en los jóvenes púberes de esta época.
- Mujer que brindas placer indiscriminado, a veces por dinero, a veces por nada, oriunda de aquel lugar sombrío y de fuertes aromas – obviamente, queda mucho más elegante que un simple “puta del orto”.
Claro, nos encontramos con el inconveniente de la falta de practicidad. Se pierde la calidad de puteada. Hasta puede ocurrir que deseemos que nos puteen permanentemente. Se transformaría, la siguiente, en una fantástica invitación:
- Hombre o mujer, entréguense a la delicia de sentarse a ejecutar sonidos melodiosos, embriagarse en originales perfumes y dejar su obsequio en el majestuoso trono de los placeres privados; en vez del soez convite, “váyanse a cagar”.
Creo que dejaré este ensayo e intentaré otro juego. Nada queda mejor, en el momento oportuno, que una buena puteada sin pelos en la lengua.
sábado, marzo 04, 2006
Ensayando puteadas
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