AQUELLA EXPERIENCIA DE CELESTINO LASTRANCAS
Celestino Lastrancas salió camino a su solitaria morada del bar Bello Horizonte - en realidad más conocido como el bar de Teté, un homosexual retirado hace ya algunos años -. Se sentía magníficamente bien. Alzó su vista al firmamento, y quedó extasiado ante la belleza desplegada por la luna esa noche. Tanta hermosura, provocó que no pudiera resistirse al impulso de sentarse en el cordón de la vereda y admirarla. Allí se quedó un buen rato, inmóvil y silencioso. Sintió de pronto que era inundado por una paz infinita. Una fantástica sensación de ser mecido por brazos invisibles hizo que cerrara los ojos y se abandonara a un sueño profundo.
Media hora más tarde, fue sorprendido por una lluvia dorada que bañó su frágil cuerpo. No estaba fría, al contrario, era tibia y poseedora de un aroma embriagador. Abrió sus ojos lentamente, y no podía creer lo que veía. Frente a él había un ángel azul y le sonreía.
- ¡Qué lindo sos! - le dijo Celestino al ángel.
El ángel lo levantó dulcemente, lo abrazó y lo llevó hasta su carruaje celestial.
LA VERDADERA EXPERIENCIA DE CELESTINO LASTRANCAS
Celestino Lastrancas salió camino a su rancho inmundo del bar Bello Horizonte - en realidad más conocido como el bar de Teté, un puto viejo que no servía ni para hacer un pete -. Tenía un pedo morboso. Miró hacia arriba, y se quedó duro observando la farola del alumbrado público. La intensidad de la luz lo dejó ciego, y se cayó de culo sobre el cordón de la vereda. De la tranca que tenía, no se podía ni mover. Todo le daba vueltas, cerró los ojos y empezó a dormir la mona. Media hora más tarde, un par de perros machos le echaron flor de meada, calentita y hedionda. Tardó un rato en abrir los ojos, para encontrarse con un cana recagado de risa.
- ¡Qué lindo sos! - le dijo Celestino al cana.
El cana lo levantó de un tirón, lo arrastró y lo metió de un patadón dentro de la patrulla.

