domingo, noviembre 27, 2005

La hecatombe de piojos en la calvicie


La vida de estos insectos malófagos, conocidos en la nobleza como “Pediculus humanus” y vulgarmente como piojos de mierda, siempre ha sido muy sacrificada.
Desde principios de siglo fueron perseguidos, aniquilados y despreciados por el simple hecho de disfrutar caminar por cabezas humanas, y de vez en cuando, tomarse un buen trago de sangre fresca. Claro, esta inocente acción produce cierto escozor que atenta contra los nervios de cualquier persona. Cuando entra a picar y a picar, te la regalo hermano.
Pero el tema que nos ocupa hoy, no es el análisis de la conducta del piojo ni su persecución en esta tierra, sino la hecatombe desatada cuando Pirulo Pandorga comenzó a quedarse pelado.
Pirulo Pandorga era un extraño de pelo largo. Extraño, porque de la mugre que tenía nadie era capaz de reconocerlo; y pelo largo, creo, no necesita explicación.
La vida que llevaba la comunidad piojileña en Pelambre Pandorga City era orgiástica. Las piojas se dedicaban exclusivamente a la prostitución, y los piojos a empomárselas. Era joda tras joda, parecía no tener fin. Hasta que… horror!!!! Tras una rascadita de Pirulo, un sector importante del centro de la ciudad se desprendió de raíz, y arrastró a miles de habitantes hacia el abismo. Cayeron al piso frío y húmedo de un baño público, donde fueron pisoteados y meados a mas no poder, concluyendo allí su cochina vida.
Luego de la catástrofe, nada volvió a ser igual. Los sobrevivientes comenzaron a emigrar, y pronto Pelambre Pandorga City quedó desolada.
Esta historia fue recogida durante una entrevista con ese piojo malparido que me tuvo a maltraer por dos semanas, sobreviviente de la hecatombe, pero que murió en los dientes de un peinecito pedorro.

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