domingo, enero 01, 2006

La trágica vida del caracol


Hace unos días, como parte de los tradicionales festejos de fin de año, salí a cenar con una vieja amiga. Nos decidimos por “La Guanaca Azul”; uno de los restaurantes, considerados en el medio, como de primera categoría. Obviamente, como sucede en ese tipo lugares, te sirven esos platitos muy vistosos que no te llenan ni una muela, y te cobran como si hubieras comido hasta el hartazgo. De todas maneras disfrutamos de las exquisitas sugerencias del chef. Terrina de quesos con cebollas acarameladas, Lenguado con vegetales del campo y Volcán de chocolate con crema helada de Calafate, acompañado todo, por un frío y delicioso vino blanco. Después de unas cuantas copas de Chablis, la conversación, derivó en un tema sumamente actual: la cría del caracol.
No pregunten por qué surgió tan interesante coloquio. Sencillamente se trata de esas charlas que nacen cuando los efectos del alcohol comienzan a hacerse sentir en nuestras neuronas, empezamos a hablar de cualquier cosa, y todo nos parece fascinante.
Mi amiga comenzó comentándome que, a raíz de un proyecto de chacras en el cual participa, conoció a un Ingeniero Agrónomo que se dedica a criar caracoles.
- ¿Caracoles? - pregunté extrañada - ¿De esos caracoles que hay en los jardines?
- Si, esos - contestó mi amiga - Resulta que a este buen hombre, un día se le ocurrió iniciarse en la cría de estos babosos animalitos. Empezó con un reducido grupo de diecinueve, y hoy ya tiene una hacienda considerable.
- Pero… ¿Para qué los cría?
- Para juntar baba.
- ¿Qué? ¿Vos te referís a esa famosa baba de caracol que ofrecen en la tele?
- Si, cuenta que es bárbara como cicatrizante y restauradora de tejidos.
A esa altura de la conversación, no podía dejar de pensar en esos asquerosos caracolitos e imaginarme untándome la cara, con esa baba inmunda, para borrar los rastros del tiempo. Ni en pedo. Me quedo con las arrugas, la celulitis y cualquier derivado.
Continuó diciéndome mi amiga:
- Los cría en una pileta que tiene instalada en su casa. Parece que al principio tuvo algunos problemas para mantenerlos circunscriptos a un determinado sector, ya que algunos se escapaban.
- ¿Cómo hizo entonces? - pregunté, sin dejar de imaginar, a miles de caracoles babosos caminando por las paredes de toda la casa, metiéndose por todos lados. ¡Qué asco!
- Colocó un alambre electrificado por una pila con un mínimo de voltios alrededor de la pileta.
- ¡Eso es un campo de concentración! ¡Pobres caracoles! Claro, cuando se quieren escapar, reciben tremenda patada. Un perverso, ese ingeniero.
Pero eso no fue todo. Además de tenerlos prisioneros en una pileta vallada por alambres electrificados, ¡Los tortura! Si, así como leen. Los tortura con un cepillo de dientes para que larguen más baba. Parece ser que a estos animalitos no les gusta que le cepillen el lomo, entonces cuando este buen ingeniero les pasa el cepillito, se enojan y comienzan a babearse de rabia.
Quedé tan consternada, por el triste destino de estos animalitos en pos de la ciencia, que me puse averiguar un poco más sobre su sacrificada vida.
El caracol de tierra es un molusco recontra baboso que generalmente encontramos en el jardín. No tiene huesitos y se desplaza arrastrándose. Su vida, dura lo mismo que una flatulencia (pedo) dentro de una bolsa, apenas de cuatro a cinco años. Y durante gran parte de ella, no hacen un pomo. Su actividad se centra exclusivamente en morfar y hacer fiqui fiqui. (Esto no parece tan trágico). Aunque parece que hacen fiqui fiqui sólo dos o cuatro veces por año, que encima les produce stress, y cada vez que lo hacen corren el riesgo de ser boleta. (Esto es muy trágico). En cuanto al morfi, parece que se desesperan por los alcauciles; sin embargo comen todo aquello que sea vegetal. Eso sí, no son ningunos boludos, no morfan nada que contenga agroquímicos ni plantas cuyos tallos sean peludos.
A la cría de estos pobres animalitos se la llama “Helicicultura”. Si, no se le dice Caracolocultura, ni Carocalicultura, ni nada parecido. Les iba a contar por qué “Helicicultura”, pero trabajen un poco, che ¡Averigüen!
Finalmente concluyo que es demasiado alto el precio por vivir sólo para morfar y hacer fiqui fiqui. Prefiero mi triste vida de divorciada sin fiqui fiqui todos los días, ni manteca de sobra para tirar al techo, antes que terminar dentro de una olla o torturada con un cepillo de dientes.

1 comentario:

Anónimo dijo...

Que interesante.Caracoles.Baba de caracoles.Cicatrizante.Restaurador de tejidos.Un pensamiento lleva al otro y asi sucesivamente.Y para cada uno,cada palabra tiene un significado diferente; ya que yo me hubiese preguntado, en ves de si la vida de un caracol es tragica o no,por ejemplo: que tipo de tejidos o celulas restaura la tal baba? o a quien podria servirle restaurar tal o cual celula o tejido de su cuerpo con baba de caracol?Es diferente la forma de procesar la informacion en alguien que escucha o lee?A lo mejor habria que ver si la vida del caracol es tan tragica o la vida de que caracol es tan tragica, que no es lo mismo no? Habria que ser un caracol tal ves para saber si su vida es tragica o no; o si tu vida es tragica,entonces pensas que la vida de ese caracol etc.,etc.,etc.